Hablemos poco, hablemos de vino
Poeira significa «polvo» en portugués, porque el viñedo de la finca es polvoriento en verano. Aquí tienes una cuvée sorprendente elaborada por el célebre enólogo portugués Jorge Moreira (que trabajó en Niepoort). Las uvas proceden de viñas que crecen en empinadas terrazas de pizarra sobre la pintoresca localidad de Pinhao, en el Douro. A diferencia de las parcelas vecinas, el viñedo está orientado al norte y, por tanto, no ve el sol durante buena parte del día. En el mundo, la orientación sur suele ser la mejor, pero en esta región tan calurosa en verano, Jorge saca partido de que las uvas maduren más despacio, ya que están protegidas en las horas más calurosas del día. Así conservan más acidez y acumulan menos azúcar, lo que da vinos con mucha más elegancia y finura. Todo se vendimia a mano y después las uvas se pisan en lagares (depósitos abiertos rectangulares de granito), seguido de una fermentación en pequeños depósitos de acero inoxidable. El vino reposa después 12 meses en barricas de roble nuevas y neutras. El vino es notablemente fresco en boca, equilibrado, y muestra aromas afrutados de mora, de ciruela, de casis, y de arándano así como notas balsámicas, de tabaco, de cedro, de cuero y de hierbas silvestres. Los taninos son ultrafinos y sedosos, y la frescura es sorprendente, lo que aporta armonía y una estructura llena de elegancia.
¿Adónde viajamos?
La pequeña historia del país
Portugal
La rica historia de Portugal está íntimamente ligada a sus vinos, en especial al más célebre de todos, el oporto. De las antiguas ciudades de Lisboa y Oporto a los pequeños pueblos medievales y las ruinas romanas, el pasado sigue vivo en el Portugal moderno. Unas buenas vacaciones en el corazón de este país, cuna del vino de Oporto, son una forma única de descubrir la cultura del Viejo Mundo, el clima, su bonita campiña y, por supuesto, sus deliciosos vinos. Aunque la historia del vino en Portugal se remonta a los romanos, el vino que hoy conocemos como oporto no nació hasta principios del siglo XIX. El vino de mesa portugués ya tenía mucha demanda desde mediados del siglo XVII, sobre todo por parte de los británicos. Para que aquellos rústicos vinos portugueses fueran más estables y agradables, se añadían pequeñas cantidades de aguardiente a las barricas antes del envío. Con el tiempo, las empresas británicas empezaron a invertir en la región y perfeccionaron el proceso de añadir el aguardiente durante la fermentación, y no después, lo que permitió conservar los sabores afrutados característicos del vino tinto, exclusivos del valle del Douro, en Portugal. En los últimos años se ha producido una pequeña revolución en el Douro con la elaboración de tintos y blancos secos de estilo moderno, en paralelo a la producción muy tradicional de oporto. Los vinos de mesa siguen desempeñando también un papel importante. El aumento de la inversión, la mejora de las técnicas vitícolas y la modernización del sector están dando resultados interesantes. Lo que hace único a Portugal es su enorme número (más de 500) de variedades autóctonas (aunque algunas sean impronunciables). Incluso la mayoría de los expertos en vino desconocen las uvas con las que se elaboran el oporto, el Madeira o cualquier otro vino portugués. Como su vecina España, Portugal vive desde hace unos veinte años una revolución silenciosa. Su reticencia a seguir las modas y plantar variedades internacionales da ahora sus frutos, y la nueva generación de vinos llenos de «efecto terroir» y de fruta está más que capacitada para competir en la escena mundial. Los sabores únicos de las variedades autóctonas portuguesas se han convertido en su gran baza. Una buena noticia para quienes buscan algo distinto a los vinos de las omnipresentes variedades internacionales. El terroir es muy diverso. De norte a sur, de este a oeste, de la montaña a los viñedos junto al mar, cálidos y secos o frescos y verdes. En todos sus estilos, del vinho verde al oporto, de los blancos secos y crujientes a los tintos elegantes, y de tantas maneras distintas, los vinos portugueses son únicos.
