Hablemos poco, hablemos de vino
La bodega Folias de Baco fue creada en 2007 por un joven viticultor innovador, Tiago Sampaio, que se inspiró en el trabajo vitícola de su abuelo. Tiago trabaja unos 8 viñedos distintos, todos situados en un radio de 5 km de su bodega. Uno de los puntos clave aquí es la gran altitud que la distingue del resto del Douro. Las viñas no están cerca del río, sino en una meseta en lo alto de la ladera, entre 550 y 700 m. Las noches frías ralentizan la maduración y ayudan a mantener una acidez y una frescura marcadas en todos sus vinos.
« Uivo Curtido » está elaborado al 100 % con moscatel galego de cepas de 35 años cultivadas en ecológico sobre suelos de esquisto y de granito. Las uvas se vendimian a mano y pasan por una rigurosa selección en la viña. Se despalillan parcialmente pero no se prensan, y después maceran durante 4 meses. La fermentación tiene lugar en depósito de cemento con levaduras autóctonas. Después, el vino tiene una crianza de 6 meses sobre lías finas y se embotella sin filtrar. Este vino despliega aromas depiel de naranja, de mandarina, de ralladura de limón, de melocotón blanco, depiña ácida, dehierbas recién cortadas, de manzanilla y de miel. El contacto con los hollejos aporta textura y cuerpo, así como un bonito color anaranjado. La boca es tensa y salina, y el final termina con unos agradables amargos.
¿Adónde viajamos?
La pequeña historia del país
Portugal
La rica historia de Portugal está íntimamente ligada a sus vinos, en especial al más célebre de todos, el oporto. De las antiguas ciudades de Lisboa y Oporto a los pequeños pueblos medievales y las ruinas romanas, el pasado sigue vivo en el Portugal moderno. Unas buenas vacaciones en el corazón de este país, cuna del vino de Oporto, son una forma única de descubrir la cultura del Viejo Mundo, el clima, su bonita campiña y, por supuesto, sus deliciosos vinos. Aunque la historia del vino en Portugal se remonta a los romanos, el vino que hoy conocemos como oporto no nació hasta principios del siglo XIX. El vino de mesa portugués ya tenía mucha demanda desde mediados del siglo XVII, sobre todo por parte de los británicos. Para que aquellos rústicos vinos portugueses fueran más estables y agradables, se añadían pequeñas cantidades de aguardiente a las barricas antes del envío. Con el tiempo, las empresas británicas empezaron a invertir en la región y perfeccionaron el proceso de añadir el aguardiente durante la fermentación, y no después, lo que permitió conservar los sabores afrutados característicos del vino tinto, exclusivos del valle del Douro, en Portugal. En los últimos años se ha producido una pequeña revolución en el Douro con la elaboración de tintos y blancos secos de estilo moderno, en paralelo a la producción muy tradicional de oporto. Los vinos de mesa siguen desempeñando también un papel importante. El aumento de la inversión, la mejora de las técnicas vitícolas y la modernización del sector están dando resultados interesantes. Lo que hace único a Portugal es su enorme número (más de 500) de variedades autóctonas (aunque algunas sean impronunciables). Incluso la mayoría de los expertos en vino desconocen las uvas con las que se elaboran el oporto, el Madeira o cualquier otro vino portugués. Como su vecina España, Portugal vive desde hace unos veinte años una revolución silenciosa. Su reticencia a seguir las modas y plantar variedades internacionales da ahora sus frutos, y la nueva generación de vinos llenos de «efecto terroir» y de fruta está más que capacitada para competir en la escena mundial. Los sabores únicos de las variedades autóctonas portuguesas se han convertido en su gran baza. Una buena noticia para quienes buscan algo distinto a los vinos de las omnipresentes variedades internacionales. El terroir es muy diverso. De norte a sur, de este a oeste, de la montaña a los viñedos junto al mar, cálidos y secos o frescos y verdes. En todos sus estilos, del vinho verde al oporto, de los blancos secos y crujientes a los tintos elegantes, y de tantas maneras distintas, los vinos portugueses son únicos.
